Hasta que estudié numerología no
me había dado cuenta del poder que representan nuestros nombres, los cuales
tienen su propia energía y es nuestra carta de presentación al mundo, sin
embargo, perdemos o le damos poco valor a esa energía cuando nos comienzan a
llamar familiarmente por apodos o por “cariño” nos acortan el nombre porque
suena más lindo… por ejemplo: Ale en lugar de Alejandro o Alejandra, Guille en
lugar de Guillermo, etc.
En mi caso particular, yo siempre
he utilizado mi segundo nombre porque aunque los dos nombres me los colocó mamá,
ella siempre me llamó por el segundo nombre, lo cual me pareció un poco extraño
cuando analicé la situación, ya que mi primer nombre es el mismo de ella.
Sin embargo, yo nunca me sentí
cómoda con mi primer nombre, ya sea porque mi mamá nunca me llamó por ese
nombre o porque me gustaba más el segundo, pero al final, sé que a nivel de la
personalidad tengo una debilidad porque mi nombre tiene esa energía ambigua ya
que aunque me presento con el segundo nombre, en algunos casos tengo que usar
el primero cuando se trata de documentos legales, sobretodo en esta parte del
mundo porque no lo podemos obviar.
En todo caso, piensen muy bien el
nombre que les colocarán a sus hijos y lo más recomendable sería que le
coloquen un solo nombre, ya que tener dos nombres y utilizar sólo uno de ellos
tampoco es coherente a nivel energético. Es decir, si le colocas María
Gabriela, pues siempre llámala por los dos nombres para que ella se acostumbre
a presentarse de esa manera y no pierda energía o fuerza en su personalidad. Tampoco
aceptes que te llamen por apodos de ningún tipo.
Recuerda que todo vibra en
energía y hasta nuestros nombres tienen un tono vibratorio como el sonido de
las cuerdas de un violín o cualquier otro instrumento.
En gratitud y amor, a
continuación te presento este artículo que nos explica un poco más sobre el
tema de los nombres. Tai Nuñez
REPARANDO EL ARBOL GENEALOGICO DE MI NOMBRE
Últimamente hemos aprendido que
el árbol genealógico de la familia es todo un cofre de secretos y sorpresas.
Y si bien el árbol en sí mismo
representa nuestra historia y dramas, también determina nuestro presente y
nuestro porvenir.
Un aspecto importante a
desentrañar en el árbol genealógico, son los nombres.
Porque sucede que por tradición,
cultura, creencias y “amor”, nombramos a nuestros hijos como el padre, el tío,
el abuelo, el bisabuelo, etc. y no tomamos conciencia que ese simple acto, está
determinando un futuro para ellos.
Escuchamos a una madre decir algo
como:
– Mi hijo llevará el nombre de mi abuelo, Benito, porque yo lo
amaba, era su preferida.
Y resulta que el abuelo Benito,
era un hombre desapegado, grosero, nada exitoso en su profesión, infiel,
alcohólico, abandonado de niño, diabético y para colmo, murió atropellado. Y
con la única persona que fue cariñoso es precisamente la nieta que ahora espera
a su bebé.
Si el bebé se llama Benito,
nacerá con la misión de reparar toda la vida miserable del abuelo, de evitar
ser como él, de limpiar el “nombre” de BENITO en la familia. Por lo que un
arranque de “cariño”, puede darle a nuestros hijos un destino nada
agradable.
Los nombres, marcan destino
dentro del árbol genealógico, enfermedades, vidas amorosas, así como también,
marcan la suerte o una vida plena.
Hay familias, que mezclan,
colocan del revés, invierten los nombres, para que suenen diferente y “sea otra
cosa”.
Atención, para el inconsciente no funciona eso.
Si la abuela se llamaba María, a
la bebé la llaman: Mary, Mar, Aimar, etc. Finalmente la niña, deberá reparar a
la abuela.
Muchas familias, suman nombres:
El padre se llama Leopoldo y la madre, Margarita y a la bebé le ponen: Marle.
Para el inconsciente, es lo mismo, deberá reparar en vida, a sus dos padres.
Por lo tanto, no es de ninguna
manera conveniente, repetir nombres en el árbol genealógico, mezclarlos,
invertirlos, etc., porque finalmente el inconsciente sabe que hay un “deber” de
reparación de vidas y dramas.
Y si el nombre que se les busca
es maya, irlandés o japonés, revisen perfectamente bien que el significado no
implique reparar algo, ni dicho nombre lo tenga alguna persona con vida caótica
que ustedes conozcan. De tal manera que puedan ustedes, como padres, decirles a
sus hijos el significado, sin que haya referencia de nadie.
Hace poco tuve un caso, que me
causó gran impacto. Una cliente me da su nombre completo, lo anoto y cuando
comienzo a preguntarle los datos familiares sale algo parecido a lo siguiente
(obviamente el nombre lo cambié):
Nombre de la cliente: Leticia
Isabel.
Nombre de la madre del cliente:
Leticia.
Nombre de la abuela materna:
Leticia.
Nombre de la abuela paterna:
Leticia.
Nombre del padre de la cliente:
Nicandro.
Nombres de los hermanos de la
cliente:
– Leticia María.
– Leticia Sofía.
– Leticia Susana.
–
Nicandro.
Cuando comenzamos a desentrañar
la información, la cliente me decía que su madre tuvo y continuó teniendo hijas
hasta que nació el niño, porque su padre, quería un heredero, un hijo con el
cual jugar y compartir tiempo, un compañero.
Que su madre era maltratada,
sumisa, y que quería darle gusto a su marido.
El padre decide que todas sus
hijas lleven el nombre de Leticia en honor a “su madre”, pero todas, al
llamarse igual, arrastran destino. Y más grave aún, en el caso de las hermanas
de la cliente, al llamarse igual todas, entre sí se anulaban.
Era como si estuvieran muertas,
porque ninguna era especial. Ninguna era importante, ninguna sobresalía en
nada, ninguna era tomada en cuenta.
El hijo más querido por el padre,
obviamente, resultó ser el menor, el niño, Nicandro, con el penoso deber de
reparar al pésimo hombre que era su padre.
Y es que el nombre, pesa, marca,
define... y, si nuestro nombre es copia del de alguien, perdemos identidad y
fuerza.
Da lo mismo si me llamo Elizabeth
por la Reina de Inglaterra, por la actriz de Hollywood o por mi tía… todas y
cada una de ellas, tuvieron una vida y dramas. Y sólo por eso, yo poseo una
personalidad.
Ah, porque eso es otro aspecto
importante del árbol genealógico.
Hay influencia de los nombres de
todos los familiares y hay influencia del mismo modo por significados externos.
A mí me pueden poner el nombre
del actor de moda, del héroe futbolero, del presidente del país, del abuelo o
del vecino. Y en todos los casos, me marcará.
Si bien yo llevo la orden de
reparar al familiar del cual llevo el nombre, también con el nombre, me obligan
a tener una personalidad, una profesión, una vida amorosa, un éxito o fracaso
económico, etc.
Y si yo llevo el nombre de una
gran actriz de cine, que es muy famosa y rica pero alcohólica, drogadicta, sin
pareja estable, sin hijos, etc… igualmente me están marcando y, finalmente, con
ese nombre afecto al árbol.
O tal vez nombro Pablo a mi hijo,
porque el nombre suena lindo y siempre me ha gustado, pero el único Pablo que
conozco, es el señor que arregla zapatos en el mercado, es pobre, viejo, ciego
y solo… Cuidado! Porque al tener esa referencia, se la imprimo a mi bebé.
Conclusión:
– Si tu nombre representa algo
negativo o a alguien negativo, cámbialo. En los registros civiles, eso es
posible.
– Si el nombre es negativo porque
lo han llevado familiares, haz una carta de duelo por ello y por ellos, para
que tu inconsciente deje de actuar en base a ese destino.
–Si le pusiste un mal nombre a tu
hijo, cualquiera de las opciones anteriores, o le cambias el nombre en el
registro civil o haces una carta de duelo en donde además expreses que te
liberas de ese gran error.
